El mar de Faery

diari(o) literari(o)

Un acercamiento a las diferentes formas de narrar... Un apropament a les formes diferents de narrar...

De amor de mar

Escrito por Faery63 06-08-2018 en amor. Comentarios (0)


Vestido de azul tu recuerdo,

inmenso,

de cielo azul fundido en mar,

de noches estivales,

de amor de mar,

de sal, fresco.

Vestido de luz tu recuerdo,

luminoso,

de días de luz infinita,

de pasión ardiente,

de amor de mar,

cálido, dulce.

Y reconozco tu mirada,

de azul,

de luz,

y un oleaje furioso

de amor de mar

te trae a mí, sin tregua.

Y en esa luz azul,

de amor de mar,

de estío,

tu recuerdo...

Cuaderno de bitácora

Escrito por Faery63 04-04-2018 en ciencia ficción. Comentarios (0)

Fecha 23 de abril de 2050. 9.45 p.m. La Tierra. Un mundo tecnológico perfecto con seres humanos perfectos, pero vacíos de recuerdos, de emociones, de sentimientos. Una inteligencia fría, neutra y matemática permite que el mundo sobreviva. La supervivencia es la prioridad absoluta. Los recuerdos, los sentimientos, las emociones, atributos humanos del pasado, han sido borrados de todas las mentes. No existen ya o simplemente son eliminados en el mismo instante en que aparecen. Nadie puede recordar ni reconocer lo que es un sentimiento, una sensación, una emoción. Nadie puede sentir. Cualquier rastro de humanidad o irracionalidad ha desaparecido. El cerebro ha sido entrenado y ha aprendido a inhibir cualquier reacción química que genere una respuesta emocional. Perfectos autómatas, con una lógica perfecta, en un planeta perfecto. Y sin embargo, en la clandestinidad, un grupo reducido ha resistido la deshumanización y concentra sus esfuerzos en preservar de la extinción sentimientos como el amor, el deseo, la pasión, la alegría, la nostalgia, la empatía, el dolor, el odio, la envidia. Gracias a los avances tecnológicos, sus miembros consiguen almacenarlos en un pequeño dispositivo sim, como tesoros de la Antigüedad. Solo algunos están autorizados a acceder a esos preciados archivos emocionales, pero con el tiempo su uso les ha creado una adicción fuera de control. La experiencia de sentir, emocionarse o recordar ha ido transformando progresivamente a los que la viven una y otra vez. Poco a poco han dejado de ser humanos perfectos, lógicos, racionales. Incapaces de renunciar a los sentimientos después de haberlos “probado”, el contagio entre sus semejantes es inevitable y avanza rápidamente. Se abre la puerta a una nueva revolución: la lucha por recuperar la antigua condición humana. Futuro incierto para los terrícolas y para su supervivencia. Imposible un diagnóstico objetivo de su evolución y resultados. Riesgo inminente de inicio de contaminación por contacto para nuestra nave. Se solicita autorización para el abandono inmediato del planeta  – Fin de la transmisión.

Silencio

Escrito por Faery63 15-02-2018 en poema. Comentarios (0)


En silencio,

Persecución en solitario de un lejano recuerdo.

En silencio,

Búsqueda incansable de su luminosa presencia.

En silencio,

Ansia desbordada de un nuevo reencuentro.

En silencio,

Dolor que retuerce el alma en la ausencia.

En silencio,

Palabras vacías para un inefable anhelo.

En silencio,

Pasión enfurecida surcando el mar abierto.

En silencio,

pronuncio su nombre…

y solo el eco del silencio responde.







Tú en mí

Escrito por Faery63 15-02-2018 en poema. Comentarios (0)




Tú en mí

Luz:

Momento fugaz de tu presencia.

Aire:

Dulce melodía de tu voz.

Lluvia:

Terciopelo suave de tus dedos.

Cielo:

Fúlgido despertar de tu mirada.

Tierra:

Intenso sabor de tus labios.

Mar:

Inmensa plenitud de ti.

Tú:

Luz, Aire, Lluvia, Cielo, Tierra, Mar

En mí.


El tiempo detenido

Escrito por Faery63 31-01-2018 en superación. Comentarios (0)





El tiempo detenido

Paredes blancas y un gran reloj de pared que parece haberse parado… Pero no, es solo una impresión falsa, un delirio de su pulso desbocado en la interminable espera. Aunque ahora era solo una rutina, no conseguía acostumbrarse a esas visitas llamadas “de control” que le programaban cada seis meses. Respiró hondo e intentó relajarse.

Recordó que hace cuatro años, en esa misma sala en la que se encontraba ahora, tuvo que sentarse para recuperar el aliento después de abandonar la consulta en que el oncólogo le comunicó la negra noticia. Entonces le pareció que estaba viviendo un mal sueño, que despertaría y la angustia desaparecería, que no podía ser. Sintió el tiempo detenido, como si todo su ser se hubiera adentrado en uno de esos agujeros negros que intrigaban tanto a su hijo. Nunca supo si pasó una hora o dos hasta que se sacudió levemente el pánico que le atenazaba. Debía sobreponerse. Estaba convencido de que el especialista había sido sincero dándole esperanzas. El tratamiento no sería fácil, pero había muchas posibilidades de éxito. Le angustió no saber en qué lado de las estadísticas estaría su caso. Siempre había creído poco en las estadísticas…

Las cálidas palabras del médico le reconfortaron en cierta medida, pero sabía que, como en los peores trances a los que no somete la vida, habría momentos que debería afrontar solo. Y estaba aterrorizado, con la mente bloqueada y el corazón al galope... Pensó que siempre había tenido miedo a la muerte y ahora esta se asomaba a pocos metros de su vista y le mostraba su ilimitado e inexorable poder. Un aviso de megafonía para otro paciente le devolvió a la realidad. Tenía que reaccionar. No podía dejarse vencer por el pánico y el abatimiento. La vida nunca le había puesto las cosas fáciles, pero este nuevo obstáculo parecía superarle. Con ese pensamiento de insoslayable derrota, pero ya capaz de caminar, emprendió rumbo a casa.

Hacía un día espléndido de primavera. A medida que avanzaba por las calles de la ciudad le pareció que veía todo por primera vez. Sus ojos se iban llenando de imágenes del paisaje urbano que la luminosidad del día transformaba bellamente. A pesar del ruido de los coches, le pareció ser capaz de sentir y disfrutar del silencio. Los árboles del amor (siempre le gustó el árbol y su nombre) que vestían de color malva las aceras de algunas calles se mostraban ese día más hermosos que de costumbre. El aroma de algunas flores en las terrazas de los cafés le recordaron las excursiones a la montaña en familia. Sintió la mirada amable de alguien que esperaba junto al semáforo como él… De pronto, como si de una revelación se tratara, sus sentidos le desvelaron cuánto amaba la vida, cuánto amaba a su familia, cuánto había disfrutado, cuánto deseaba vivir todavía, cuán importante era cada instante, cada minuto… Y en ese momento, supo que encontraría las fuerzas para hacer frente a ese cruel depredador de vidas, supo que lucharía hasta el final, incluso si ese final era la muerte… Y aunque la batalla fue dura, venció. Y desde entonces, la vida adquirió para él un color, un aroma y un sentido inefables.

La megafonía le despertó de su ensimismamiento mientras esperaba. Le llamaban. La misma enfermera de siempre le saludaba alegremente. El mismo oncólogo le estrechaba ya la mano también con gesto sonriente. La mágicas palabras “todo está bien” sonaron como música del paraíso y el mundo volvió a iluminarse tras ese tiempo de penumbra que duró la espera. Sabía que dentro de seis meses volvería a aquella blanca sala, al reloj de pared detenido. Pero la vida estaba ahí fuera y ahora le esperaba.